El silencio cómplice del maltrato a los mayores

Estándar
El silencio cómplice del maltrato a los mayores

Cuando hablamos de violencia doméstica, los mayores son los grandes olvidados y los más perjudicados de la sociedad. Lo constata un informe reciente de los Mossos d’Esquadra, que alerta de un incremento importante del maltrato a los ancianos y de que esos abusos sobre las personas mayores están amparados en demasiadas ocasiones por el silencio de las propias víctimas. El miedo, la vergüenza y la culpa son los pilares que sostienen el silencio de los ancianos maltratados.

Cuando se habla de maltrato, de violencia doméstica, suele ser habitual dirigir inmediatamente la mirada hacia las mujeres. Pero no es el más frecuente. Nos encontramos ante una de las formas de violencia más oculta, se trata de la inflingida a las personas de edad avanzada, grupo de población sumamente vulnerable. Es un fenómeno a menudo silenciado y también escasamente detectado, según los expertos en general, que alertan al tiempo del aumento progresivo de los abusos a los mayores.

Solo por casos de violencia doméstica, los Mossos atendieron a 716 víctimas mayores de 65 años en 2012, el 7,8% más que en 2011. En el primer trimestre de 2013, la policía catalana ya había certificado cerca de 250 situaciones de maltrato doméstico a 161 ancianos, según fuentes del periódico El País.

A falta de datos específicos sobre la situación general, las cifras facilitadas por los Mossos muestran tan solo una parte del problema, ya que hacen referencia exclusivamente a las denuncias por violencia doméstica —que recoge las agresiones o tratos vejatorios por parte de una persona a un miembro de su núcleo familiar o de convivencia—, sin tener en cuenta el maltrato en el ámbito de la pareja, la violencia económica o el abuso en el ámbito de las instituciones, entre otras.

Desde la entrada en vigor de la ley Orgánica 11/2003 de 29 de septiembre, se considera delito cualquier agresión incluyendo no solo las agresiones físicas, sino también las de carácter psíquico, entendiendo por maltrato “todo acto u omisión que produce daño, intencionado o no, practicado sobre personas de 65 años o más, que ocurre en el medio familiar, comunitario o institucional, y que vulnera o pone en peligro la integridad física, psíquica, así como el principio de autonomía o el resto de los derechos fundamentales del individuo, constatable objetivamente o percibido subjetivamente”.

Según reconoce, por otra parte, la Declaración de Hong Kong (1989) de la Asociación Mundial de Médicos, el maltrato a los mayores puede ser tanto físico como psicológico, financiero, maltrato médico o autoabandono, al que se puede añadir el social e institucional.

El maltrato físico puede verse reflejado en golpes, ataduras, quemaduras, empujones, infligir heridas o en la falta de cuidados médicos, de higiene, presencia, alimentación… Según los expertos, existen otras acciones, como el abuso de fármacos por ejemplo, que pueden considerarse también maltrato físico.

En familia suele ser aún más común el maltrato psicológico mediante amenazas o insultos, humillaciones, tratamiento infantiloide, aislamiento y/o indiferencia a sus valores, creencias, deseos o sentimientos.

Tampoco suele alejarse mucho del ámbito doméstico el maltrato financiero, a través del robo en sus distintas versiones: ocultar patrimonio o apropiarse de ello, aprovechando que no lo controla o que en su sentimiento de culpa por el estado de dependencia no va a negarse a ello, o bien utilizar los bienes y dinero del anciano para fines que él no conoce.

A veces se observa el autoabandono del propio anciano, en muchos casos relacionado con el síndrome de Diógenes, entendido como una conducta de aislamiento comunicacional, ruptura de las relaciones sociales, negligencia de las necesidades básicas como la higiene, alimentación, cuidados de salud, vestido, reclusión domiciliaria, rechazo de las ayudas y negación de la situación patológica, que se presenta habitualmente en ancianos solitarios.

También nos encontramos, según los expertos, con el maltrato social mediante la falta de oportunidades, de políticas públicas específicas o anomalías en su cumplimiento, apoyo público a valores que relegan al anciano, y actitudes de humillación, rechazo o indiferencia hacia los mayores en general.

El maltrato institucional se refleja en atención escasa hacia los mayores, rechazo, negligencia o claro maltrato verbal cuando requieren apoyo y orientación para obtener un servicio determinado.

Tras el aumento de denuncias por maltrato a ancianos y al constatar que la crisis económica está agravando las tensiones en el seno de las familias, la Generalitat de Catalunya ha elaborado un protocolo de actuación contra los malos tratos a personas mayores, en el que especifica tipologías y modos de reacción ante los hechos.

En Cataluña viven 1.265.459 personas mayores de 65 años. Los estudios revelan que el 6 % sufre maltrato en el ámbito familiar y un 10 % en residencias o centros de día. 1.100 son las denuncias que se han recibido durante este último año por maltrato a ancianos, en parte agravadas por las tensiones familiares a cuenta de la crisis económica.

Con esta nueva medida, presentada este verano por el conseller de Bienestar Social y Familia, Josep Lluís Cleries, se pretende «romper el silencio cómplice» para que los ciudadanos denuncien los casos de maltrato físico, psíquico o económico hacia las personas mayores.

«Hablar de los malos tratos a los ancianos es la primera manera de poderlos abordar y tomar conciencia», afirmó el conseller, tras destacar que se trata de un fenómeno frecuente, pero oculto. El protocolo, que especifica las diferentes tipologías de maltrato,  señala que las formas más frecuentes en los centros de día o residencias son «el confinamiento con medios no autorizados, sean sustancias químicas o barreras físicas, el aislamiento como castigo o por comodidad personal, la contención mecánica, la infantilización en el trato, la despersonalización y la privación de intimidad».

Mientras, en el ámbito familiar, los casos han crecido debido a la crisis económica o la dependencia y falta de autonomía de las personas mayores.

Ante estos casos, el conseller no ha descartado que la Generalitat se persone como acusación en los casos más graves que detecte.

El protocolo, según el mismo conseller, pretende fomentar tanto la prevención como la detección de estos casos. El mismo documento aporta herramientas útiles, sobre todo para los profesionales de los servicios sociales y del ámbito sanitario, para detectar tales casos y para su evaluación, que deberá tener en cuenta tanto las causas como la gravedad del pronóstico, si existen responsables, y si éstos habrían incurrido en un delito.

Lo cierto es que el maltrato a los mayores, aunque viene ocurriendo a lo largo de la historia, es un tema bastante novedoso en las investigaciones y estudios, si lo comparamos con el maltrato a la infancia o incluso a la mujer.

Según apuntan los expertos, aunque cada vez se hace más visible en nuestra sociedad, es uno de los problemas más ocultos, entre otras causas por la falta de denuncias y la poca receptividad a reconocerlo por parte de los ciudadanos.

Considerando que las personas mayores no suelen denunciar sus situaciones de maltrato, el silencio es cómplice de los malos tratos. Por otra parte, el miedo, la vergüenza y la culpa son los pilares que sostienen el silencio de los ancianos maltratados.

No hace mucho que leí un artículo en el que se animaba a tratar de alejar la idea de que los mayores se asocian a enfermedad, dependencia y muerte con el consiguiente rechazo de lo que nos parece dolor y nos impide, por tanto, la compasión y el afecto hacia el que se encuentra en una situación difícil realmente.

Se decía, por otro lado, que “si bien uno de los rechazos que provoca la vejez es la imagen de vulnerabilidad que presenta el anciano, esa vulnerabilidad se encuentra en el hombre de forma permanente, pues nadie a ninguna edad está exento de caer enfermo o de la posibilidad de morir y sí recordemos que una vida digna necesita cubrir necesidades materiales, psicológicas y espirituales, siendo una de las obligaciones morales de la sociedad tratar de ofrecerlas al mayor, especialmente a los más desvalidos y dependientes, que no pueden ser rechazados o abandonados como mero estorbo cuando aparentemente no nos sirven para nuestras metas o bienestar”.

Interesante reflexión la que nos deja…

A modo de breve conclusión, los retos que el maltrato a los mayores nos presenta son muchos y para erradicarlo es necesario aunar esfuerzos de toda la sociedad. La colaboración de todos y todas es imprescindible para evitar el silencio cómplice.

Anuncios

Acerca de Amparo Suay

Doctora en Comunicación, especializada en información socio-sanitaria. Licenciada en Periodismo, estudios de Sociología, Máster en Radio, Máster en Dirección de Comunicación y Nuevas Tecnologías. Mi trayectoria profesional se remonta a más de 20 años atrás y espero seguir manteniendo el entusiasmo... “El éxito no es la llave de la felicidad. La felicidad es la llave del éxito. Si un@ hace lo que ama, conocerá el éxito”.

»

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s